Estoy viajando en una taxi que parece que fuera
de hace 50 años atrás, el taxista
es un hombre grande, de tamaño y edad, con
una camisa clara, una barba larga y blanca que contrasta
con lo oscuro de su piel y un turbante azul que
se enrosca en su cabeza de forma desprolijamente
prolija. Afuera llueve y el tráfico está
casi quieto.
Veo gente que se escapa de las gotas que caen y
busca refugio en algún techo y gente que
se queda bajo las mismas gotas encontrando en ellas
un fresco refugio intentando escapar del calor de
esta extraña ciudad.